Treballs de la Clase d'Informàtica
Andreu Giménez
miércoles, 22 de mayo de 2013
jueves, 24 de enero de 2013
lunes, 21 de enero de 2013
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Allí estaba yo, como si fuera la primera vez que viera esa enorme casa, la verdad es que cuándo era pequeño la casa parecía más acogedora, con su césped recién cortado, el jardín lleno de cuidadas flores y una fuente de agua cristalina que brotaba de la piedra cómo fluye el agua por un manso río. Era un lugar maravilloso y lleno de vida, cuando bajé del coche me esperaba un lugar un poco más triste, pero sin lugar a duda lo que vi me dejó boquiabierto. La oscura y férrea verja atacada por las ahora muertas y espinosas enredaderas se abrían ante mi dejando a la vista lo que antes era un bosque frondoso poblado por ruiseñores, ahora sus vacías ramas y sus oscuros troncos aterrorizan a cualquier intruso. Pero eso no fue lo peor, tras abrirme paso entre las malas hierbas descubrí una fachada deslucida, descuidada, propia de una casa encantada, una fuente de la que no brotaba agua, un jardín muerto y unas puertas enormes pero sin brillo alguno, solo faltaba que al abrirlas hubieran rechinado. El interior de la casa mostraba un gran cambio las paredes altas, los suelos pulidos y los muebles de pino seguían siendo como recordaba. Tras saludar a los propietarios volví a salir, el jardín me hacía verlo todo gris y muerto, fui a por las herramientas al cobertizo, esto no podía esperar más. Tendré que trabajar muy duro, desde que murió mi padre, los señores de la casa no se han molestado en cuidar el terreno. Según decían la casa había sido propiedad de una sola familia, y había sido cuidada por una sola familia de jardineros desde su construcción, y no iban a deshacer la tradición. La prematura muerte de mí padre y mi madre en un accidente de coche no les dejó otra opción que buscarme a mi, aunque, por lo visto, han tardado unos años en encontrarme.
Andreu Giménez Bolinches.
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